Gracias a la UEV

11 Sep

Maribel Vilaplana  Después de 20 años dedicada plenamente a la comunicación me enfrenté a uno de los retos más emocionantes y arriesgados de mi carrera. Compartir mis experiencias y conocimientos con los alumnos del Executive MBA (Valencia y Berkeley) de la Universidad Europea de Valencia, y en concreto su escuela de Alta Dirección. La confianza que me otorgó la universidad fue máxima pero la responsabilidad fue todavía mayor. Preparar a directivos, mandos intermedios y empresarios para que sus proyectos, sus ilusiones profesionales, sus retos empresariales consiguieran conectar con sus stakeholders a través de la comunicación es el reto.

Recuerdo perfectamente como me sentí cuando entré por primera vez en el aula. Observada y analizada a través de muchos ojos que esperaban expectantes a que yo les desvelara cuál era mi propósito en aquella sesión. Curiosamente me entró el pánico y mi cuerpo percibió todas las odiosas manifestaciones fisiológicas del miedo. Entré en una contradicción enorme. Yo tenía que enseñarles, entre otras cosas, a ¡superar el miedo escénico! Respiré y busqué su complicidad a través de una sonrisa. Y llegó. Llegó esa sonrisa y con ella, no la seguridad absoluta, pero sí la pasión. La misma que me ha llevado a disfrutar y vivir intensamente mi carrera como profesional de los medios de comunicación. Ahora tenía la oportunidad de compartirla, de mostrarla, de contagiarla. Y me dejé llevar por ella.

Esa jornada terminó con un aplauso efusivo de los alumnos y fue una de las compensaciones más emocionantes que he sentido en estas dos últimas décadas. Salí del aula plena, feliz y con ganas de volver a encontrarme con esos alumnos. Unos jóvenes con unas ansias inmensas de aprender, de mejorar, de ganar. Y yo podía acompañarles, darles la mano en esa aventura.

A partir de ese momento, las sesiones siguieron y se sumaron nuevos alumnos de otros postgrados de la Escuela de Negocios, Estema y la Escuela de Postgrados de UEV, y la satisfacción crecía. Hasta que llegó la prueba de fuego, los alumnos iban a presentar sus proyectos y yo formaría parte del tribunal de evaluación. No puedo asegurar quién estaba más nervioso, si ellos o yo.

Y sucedió. Vi el claro reflejo de mis clases en aquellas presentaciones. Vi su emoción, su cuidado trabajo comunicativo, sentí su pasión. En ese momento, aquel grupo me hizo el mayor regalo que un docente pueda tener.

Por eso, quiero aprovechar este espacio y esta oportunidad para darle las gracias, por supuesto a la Universidad, a su Dirección Académica que cree en la comunicación y en la importancia de que los profesionales pisemos continuamente el aula, y también a los directores de los postgrados por su confianza y sus sabios consejos. Pero sobretodo, quisiera darles las gracias a ellos, a los alumnos. Por vuestro tiempo, vuestra atención, vuestro respeto, vuestro trabajo y vuestro cariño.

Gracias porque ahora más que nunca sé lo que quiero hacer. Gracias por creer en mí.

Maribel Vilaplana

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